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La flota gallega encadena recortes de pesca: sardiña, xarda y lagostino sin cupo mientras el marisqueo se hunde un 26,8%

La campaña de verano ha dejado a la flota gallega sin margen en varias pesquerías clave. La falta de cota de sardiña en el Cantábrico-Noroeste, los recortes en xarda, lirio y abadexo, el cierre del lagostino y la veda de fondo confirmada por los tribunales europeos dibujan un escenario de acumulación de restricciones que ya se nota en las lonjas. El último dato de marisqueo agrava el balance: las descargas de bivalvos cayeron un 26,8% en el último año.

Fotografía que ilustra la noticia: La flota gallega encadena recortes de pesca: sardiña, xarda y lagostino sin cupo mientras el marisqueo se hunde un 26,8%
(nosdiario.gal)

Sin cota de sardiña con 50.294 toneladas de margen científico

La flota de cerco, racú, piobardeira e xeito —cerca de 700 buques— se quedó sin cuota dirigida de sardiña en el Cantábrico-Noroeste cuando aún quedaba campaña por delante. El dato que subraya el malestar del sector es que esa falta de cupo no responde a un problema biológico: los cálculos científicos, elaborados a partir de la evaluación del ICES, permitían una captura conjunta de hasta 50.294 toneladas sin poner en riesgo el recurso.

Aun así, la cuota asignada a España se recortó un 2,79% respecto al año anterior, hasta quedarse en 16,8 millones de kilos. El origen de la estrechez está, según el análisis del sector, en el reparto pactado con Portugal hace casi una década, cuando la biomasa se encontraba en mínimos históricos. Aquel acuerdo fijó una distribución desigual: 33,5% para España y 66,5% para el país vecino.

El propio Ministerio reconoce que esa fórmula ya no refleja la realidad de las dos flotas tras la recuperación de la biomasa, y ha prometido revisarla para 2027. El sector reclama que esa revisión no espere tanto: las administraciones manejan unos tiempos que no son los del trabajo diario en el mar.

Dos velocidades dentro de la misma flota y el lagostino por la borda

Las restricciones no golpean a todos los barcos por igual. Quien tiene capacidad financiera para comprar cota sobrante del golfo de Cádiz escapa de los límites diarios que sufren el resto de embarcaciones. Eso genera dos velocidades dentro del mismo mar: una para quien puede pagar y otra para quien solo tiene el barco y las ganas de trabajar.

A esa desigualdad interna se suma el cierre a la captura de lagostino, que afecta directamente a la flota de arrastre gallega. El sector describe la situación como una burla: obliga a los marineros a tirar por la borda un marisco abundante en la costa, mientras se mantiene una restricción que no se ajusta a la realidad del caladero.

Tampoco ayudan los recortes drásticos en otras pesquerías como la xarda, el lirio o el abadexo, que encadenan campañas con cupos reducidos. La suma de restricciones coloca a la flota gallega ante un verano de paradas forzosas y descargas a la baja.

El efecto en cadena: Burela, Celeiro y las artes de bajo impacto

Los puertos no se vacían de un día para otro: primero se amarra un barco, luego la lonxa vende menos, la fábrica de xeo reduce actividad, el taller naval recibe menos encargos y la hostalaría del puerto también lo nota. Una cota no afecta solo a un barco, contagia a toda la villa y a las familias que dependen de ella.

Ese efecto dominó se percibe en puertos como Burela y Celeiro, donde el cierre de la pesca de fondo en 87 áreas de ecosistemas marinos vulnerables —confirmado por los tribunales europeos— sigue pasando factura. El informe del STECF de la Comisión Europea constata que las artes fijas sufrieron la mayor incidencia, con una reducción de los desembarques de la frota del 20%.

El caso del palangre es paradigmático: el 81% de esa flota operaba en estas zonas ahora vedadas. El daño socioeconómico sigue siendo real aunque la vía judicial esté, por el momento, cerrada.

Marisqueo en caída libre: un 26,8% menos de descargas

A los problemas de la pesca de altura se suma una crisis sin precedentes en el marisqueo gallego. Las descargas de bivalvos se hundieron un 26,8% en el último año, un desplome que el sector relaciona con el cambio climático, el quecemento das augas y las lluvias extremas registradas en la costa.

Esa caída se traduce en menos producción y en una reducción continuada del número de mariscadoras a pie en activo: apenas 3.307 permisos siguen operando. Cada campaña que se cierra con malos resultados empuja a más profesionales a abandonar la actividad.

El sector del mar reclama que las decisiones se ajusten a la realidad actual, que se revisen los repartos desfasados y que se corrijan las desigualdades internas de la propia flota. Cuando un puerto pierde barcos, argumentan, no pierde solo capturas: pierde empleo, mocidade, poboación, soberanía alimentaria y futuro. La eólica mariña, con un presidente de la Xunta que actúa como gran comercial del lobby enerxético, se presenta como otra presión a vigilar para no perder más espacios de mar.