El gasto de carburante por marea en Gran Sol se duplica y pone en jaque la viabilidad de la flota
La flota gallega que faena en Gran Sol afronta un escenario crítico: el gasto en carburante por marea se ha duplicado, una subida que el sector califica de inviable y que amenaza la rentabilidad de una de las pesquerías más importantes para la comunidad.

Un coste que se dispara
El encarecimiento del combustible ha llevado el gasto por marea en Gran Sol a duplicarse, según advierten fuentes del sector. La subida, que se ha consolidado en los últimos meses, golpea directamente a una flota que ya operaba con márgenes ajustados y que ahora ve cómo el capítulo del gasoil se come una parte creciente de los ingresos por descargas.
La expresión utilizada por los armadores es contundente: “Es inviable”. Con ese diagnóstico resumen una situación en la que el precio del carburante, principal variable de coste en la pesca de arrastre y palangre de fondo, ha pasado a condicionar cada salida a caladeros cada vez más lejanos y con cuotas más restrictivas.
El problema no es nuevo, pero la magnitud del incremento actual sí lo es. Si antes el combustible representaba un porcentaje significativo del coste de una marea, ahora, con el barril al alza y sin mecanismos de compensación específicos para esta pesquería, la ecuación económica se ha roto.
Las causas del encarecimiento
Detrás de esta escalada están, por un lado, la evolución del precio internacional del petróleo y, por otro, la estructura de costes de la flota de Gran Sol, que faena en caladeros comunitarios y no comunitarios del Atlántico nororiental. A ello se suma la necesidad de realizar mareas más largas para rentabilizar el desplazamiento, lo que incrementa el consumo total de gasoil por salida.
El sector lleva tiempo reclamando medidas que mitiguen el impacto del carburante, como bonificaciones fiscales o ayudas directas, pero hasta ahora las respuestas han sido limitadas. La flota de Gran Sol, mayoritariamente con base en Vigo y otros puertos gallegos, es una de las más expuestas a esta variable, ya que su actividad depende de largas travesías y de un consumo intensivo de combustible.
La subida se produce, además, en un contexto de incertidumbre regulatoria y de presión sobre los recursos, lo que agrava la percepción de que el modelo actual de explotación está tocando techo.
Consecuencias para el sector y el empleo
El encarecimiento del carburante tiene un efecto directo sobre la rentabilidad de las empresas y, en última instancia, sobre el empleo. Las armadoras que operan en Gran Sol ya han comenzado a evaluar recortes de actividad, y algunas voces del sector advierten de que, de mantenerse esta tendencia, podría haber parones temporales o incluso la reducción de flota.
El impacto no se limita a los armadores: las tripulaciones, que cobran a la parte, ven reducidos sus ingresos cuando los costes se disparan, y las lonjas y la industria transformadora dependen de un flujo constante de capturas que ahora está en riesgo.
Galicia, como principal región pesquera de España, concentra una parte importante de la flota de Gran Sol. La pérdida de competitividad de esta pesquería tendría, por tanto, un efecto multiplicador en la economía gallega, desde los puertos base hasta las empresas auxiliares y de servicios.
Reacciones y demandas del sector
Ante esta situación, las organizaciones del sector han elevado su voz para reclamar a las administraciones una respuesta urgente. La demanda principal es la activación de mecanismos de ayuda al combustible, similares a los aplicados en otros sectores o en crisis anteriores, así como una revisión de las condiciones de acceso a los caladeros para reducir los costes operativos.
El sector también pide que se tenga en cuenta la especificidad de Gran Sol en las negociaciones de cuotas y en los acuerdos pesqueros con terceros países, ya que la rentabilidad de cada marea depende tanto del precio del gasoil como de las posibilidades de pesca.
Mientras tanto, la flota sigue faenando, pero con la incertidumbre de no saber cuántas mareas más podrá afrontar en las condiciones actuales. La frase “es inviable” resuena en los puertos gallegos como un aviso de que, sin medidas, el futuro de Gran Sol está en el aire.



