La producción ecológica gallega reclama soluciones ante la sequía y la falta de relevo generacional
La producción ecológica gallega afronta un verano marcado por la sequía y las altas temperaturas, que han adelantado la dependencia de insumos externos y han agravado problemas estructurales como la falta de tierras disponibles, el relevo generacional o el exceso de burocracia. Así lo han trasladado a la Xunta la Asociación de Produtores de Ecolóxico da Galiza (Proecogal) y el Consello Regulador da Agricultura Ecolóxica da Galiza (Craega), que reclaman medidas a corto plazo para garantizar la viabilidad del sector.

La sequía adelanta la dependencia de insumos
El portavoz de Proecogal, Roi López, explicó a Nós Diario que la situación climática ha visibilizado “de manera evidente” algunos de los problemas que afronta la producción ecológica y que, en algún caso, coinciden con los de la convencional. “El verano siempre fue época delicada y, en el caso del ganado, se adelantó un mes la temporada, por lo que comenzamos antes a depender de insumos propios que luego faltarán en el invierno o tendremos que comprar fuera”, aseguró.
Esta situación ha afectado a todas las explotaciones, “también las de montaña”, agregó. Ante ello, Proecogal demandó a las administraciones “soluciones a corto plazo” por el aumento del precio de los insumos. López advirtió de que “es un problema que irá a más, no es solo que pase este año, lleva agravándose desde los anteriores”.
La PAC, un freno para la incorporación de tierras
La producción ecológica cuenta con una legislación más estricta que, en estas circunstancias, le dificulta acceder a nuevas tierras. “La PAC, durante los períodos de transición y aunque tengas el certificado ecológico, no acepta la incorporación de superficies”, afirmó Roi López. Para el portavoz de Proecogal, la razón de esta norma tiene que ver con que “está hecha para las explotaciones convencionales en intensivo”, una circunstancia que afecta, entre otras, a la producción de leche ecológica.
Otra deficiencia añadida, también relacionada con la PAC, es la de las ayudas. “Tenemos más superficie y menos ganado que las intensivas, por lo que se nos penaliza, cuando favorecemos la lucha contra los incendios protegiendo el territorio aumentando el terreno agrario útil”, aseguró. Tampoco tienen la posibilidad de acceder a las ayudas para tierras que no se trabajan y no han empleado pesticidas si no cuentan con el certificado, aunque la propia norma indica que ante el peligro de que los animales perezcan por falta de alimentación el organismo tiene que ser capaz de articular maneras excepcionales para solucionarlo.
Falta de tierras, relevo generacional y burocracia
Marcos Vázquez, responsable de Promoción del Craega y productor con más de 25 años de experiencia en ecológico, señaló que “siendo realistas, el sector se enfrenta a atrancos estructurales y conyunturales que precisan ser abordados sin andrómenas”. El primero está relacionado con la remuda generacional y la propiedad de la tierra. “Falta tierra disponible y organizada, y además faltan manos que quieran darle continuidad”, indicó.
Por ello, propuso “profundizar en las políticas de movilización de tierras, como el banco de tierras y el banco de explotaciones, y trabajar en la dignificación de la profesión labrega”. Además, para atraer a la juventud considera importante que “producir en ecológico tiene que ser económicamente rentable”.
Una segunda dificultad está en la comercialización y la logística: “Muchas pequeñas producciones gallegas, de alto interés socioeconómico, incluso energético, tienen dificultades para acceder a los grandes circuitos de distribución o para competir con los costos de producción globales”. En este caso, Vázquez entiende que la clave estaría “en potenciar los circuitos cortos de comercialización y la compra pública por parte de las administraciones”. Puso como ejemplo que “los comedores escolares, hospitales y centros públicos empiecen a normalizar el uso de una porcentaje mínima de producto local y ecológico certificado por el Craega”.
Por último, puso el foco en la burocracia general: “El exceso de trabajo administrativo ahoga a quien trabaja el campo y, en este caso, la digitalización de las explotaciones debe ser una aliada, no una barrera adicional”.
Estrategias del sector para minimizar la sequía
Algunas explotaciones ecológicas gallegas han puesto en práctica estrategias para minimizar los problemas relacionados con la sequía y la dependencia del mercado. Es el caso de la cooperativa Labrecos, uno de cuyos miembros, Aitor Lata, reconoció a Nós Diario que desde su fundación optaron por mantenerse “al margen de la industria y emplear la economía circular”. Así, consiguieron “no depender de piensos”. Además, consolidaron la venta directa “para evitar intermediarios”.
Sobre las malas condiciones del clima, la propuesta de Labrecos y de otros profesionales del sector es gestionar los pastos de la granja “de manera que pueda continuar sin comprar forraje”. Para ello, Lata no descartó aprovechar “cultivos que no garanticen que en momentos de sequía no se gaste la forraje”.
Un sector “maduro” para consolidarse
La producción ecológica gallega vive un momento actual que, en opinión de Marcos Vázquez, es “de madurez y de consolidación indispensable para nuestro medio rural”. Tras más de un cuarto de siglo desde la creación del Craega, considera que el sector ha dejado “de ser un nicho marginal para convertirnos en un pilar estratégico de nuestra economía agraria”.
Fundamenta esta idea en que Galicia “posee unas condiciones naturales inmejorables por su agua, la calidad de sus suelos y su tradición de policultivo y de ganadería extensiva como para liderar el modelo de producción sostenible que exige Europa”. En este sentido, Vázquez cree que existen “oportunidades de mercado”: “No es una moda pasajera, responde a una demanda social creciente que busca salud, calidad y proximidad”. Así, apunta que “el futuro de la alimentación global pasa necesariamente por producir respetando los límites del planeta”, y estima que “hay que dar respuesta a esto con garantías”, teniendo en el horizonte “alcanzar el objetivo europeo de superficie agraria útil en ecológico, pero creciendo con sentido, garantizando siempre que tierra y gente convivan en armonía”.



