La IA llega al textil gallego: “Hay que saber qué tornillo apretar”
La inteligencia artificial ya se cuela en los procesos productivos del textil gallego, pero su aplicación no es automática. Así lo advierte José Fariña, responsable de una escuela vinculada al sector, que insiste en que la tecnología solo es útil si quien la maneja entiende el oficio: “Hay que saber qué tornillo apretar”.

Una escuela pendiente de las necesidades del entorno
José Fariña, responsable de la escuela textil que ha puesto el foco en la digitalización del sector, defiende que el centro educativo ha estado siempre “pendiente de las necesidades del entorno”. Una filosofía que ahora se traduce en la incorporación de la inteligencia artificial a los procesos de diseño y producción textil.
En declaraciones recogidas por Atlántico, Fariña subraya que la IA no es un fin en sí misma, sino una herramienta que debe adaptarse a la realidad de cada taller y de cada empresa. “Nuestra escuela siempre ha sido un centro pendiente de las necesidades del entorno”, sostiene, para explicar que la formación ha ido por delante de la demanda empresarial en este terreno.
El reto de aplicar la IA al proceso productivo
El responsable de la escuela incide en que la llegada de la inteligencia artificial al textil no implica sustituir el conocimiento técnico por un software. Al contrario, defiende que la tecnología obliga a reforzar la formación en el proceso productivo: “Hay que saber qué tornillo apretar”, afirma, en una metáfora que reivindica el valor del oficio frente a la fascinación por lo digital.
La afirmación de Fariña llega en un momento en el que el sector textil gallego afronta el reto de integrar la IA en áreas como el control de calidad, el patronaje o la optimización de inventarios. La escuela, según su responsable, ya trabaja con empresas para que la implantación tecnológica no se haga a ciegas, sino apoyándose en el conocimiento real del proceso.
Impacto en el empleo y la formación del sector
Más allá de la anécdota del tornillo, Fariña abre la puerta a que la IA tenga un impacto directo en el empleo del textil, un sector que en Galicia mueve a miles de trabajadores. La clave, dice, está en que la formación se anticipe a las necesidades de las empresas para que la tecnología no destruya puestos de trabajo, sino que los transforme.
“Nuestra escuela siempre ha sido un centro pendiente de las necesidades del entorno”, repite, para insistir en que el centro ya ha comenzado a introducir la IA en sus programas formativos. Una decisión que, en su opinión, permitirá a los futuros profesionales del textil gallego liderar el cambio tecnológico en lugar de padecerlo.



