El nuevo dueño de Metalships fabricará el primer buque de sustitución de plataformas marinas
El astillero vigués Metalships tiene un nuevo propietario, según ha podido saber Atlántico. La operación, que está pendiente de los últimos trámites, centrará la actividad del astillero en la construcción de buques oceanográficos, un nicho de alto valor añadido en plena ebullición por la demanda de las energías renovables marinas. La información, que publica este jueves el diario atlántico, explica que el nuevo propietario es también el impulsor del buque de sustitución de plataformas marinas, una línea de negocio que se incorporará a la docena de pedidos que la compañía tiene en cartera en la actualidad. La compañía, que tiene su sede en la ciudad, dará así un giro de timón a su estrategia, después de varios años de dificultades y de concurso de acreedores. La operación, que se cerró el pasado 17 de agosto, está condicionada a la aceptación del plan de viabilidad que avala la medida, pero que necesita el visto bueno de la autoridad de la competencia. La empresa resultante de la fusión de los dos astilleros sumará una plantilla de 550 trabajadores, entre las plantas de Vigo y otras de la comunidad.

Una operación que cambia el tablero industrial de la ciudad
La compra de Metalships por parte de la empresa contra la que competía por los mismos encargos en el mercado nacional e internacional de la reparación de grandes buques, la mantiene en manos de una sola firma, presidida por un empresario local. La operación, que se articula a través de una sociedad instrumental, incluye también la compra del astillero de la ciudad, con sus dos gradas de construcción, sus talleres de mecanizado y el muelle de equipación de 320 metros de eslora para barcos de gran porte. El objetivo es mantener la actividad industrial en las instalaciones actuales y también el empleo, con una plantilla de 250 trabajadores, que en las obras de mayor carga de trabajo puede llegar a superar los 1.000 trabajadores a través de la subcontratación de empresas auxiliares de la zona. La operación, que se cerró el pasado 17 de agosto con la venta del 100% de las acciones, no incluye ningún tipo de pago en metálico, sino que el nuevo propietario asumirá la deuda que Metalships mantiene con la Seguridad Social y la agencia tributaria, que asciende a más de 50 millones de euros. Además, se compromete a mantener la marca y la sede social en Vigo y a conservar la actividad industrial durante al menos 20 años.
La noticia se conoce después de que la empresa presentara su tercer ERE en cuatro años, el pasado mes de marzo, con el objetivo de ajustar la plantilla para hacer frente a la caída de la carga de trabajo y a la falta de pedidos. La compañía se ha visto además inmersa en los últimos meses en un proceso de búsqueda de inversores para tratar de reflotar el negocio.
Una planta histórica en plena reestructuración
La de Metalships no es una operación más en el naval vigués. Se trata de una de las plantas más grandes de la ciudad y una de las más activas en la construcción de barcos de alta tecnología, con naves de 17.000 metros cuadrados y gradas de 200 metros. La empresa, que ya ha construido barcos para la construcción de parques eólicos marinos y para la investigación marina, había entrado en pérdidas en los últimos ejercicios, con una caída de la facturación superior al 40% entre los años 2019 y 2021 y a una deuda financiera con la banca que asciende a más de 30 millones de euros. La operación, que aún debe ser autorizada por el Tribunal de Cuentas Europeo, ya que la empresa había recibido en el pasado ayudas comunitarias, se oficializará el próximo mes de octubre. De esta forma, la nueva propiedad integrará la planta de Vigo y su cartera de más de 130 millones de euros. La clave de la operación, que fuentes de la propia empresa no han querido desvelar, pero que sí adelantan los sindicatos, es que el comprador pagará con una parte de los beneficios de la propia compañía.
El asesoramiento legal
El asesoramiento legal y financiero de la operación ha corrido a cargo de los despachos Garrigues y KPMG, según consta en el expediente depositado en el registro mercantil. La entrada del inversor no es nueva en el entorno industrial gallego, sino que ya intentó sin éxito comprar los astilleros de Navantia Fene y de la antigua Factoría de la Experiencia. La pugna por quedarse con el astillero, que se ha mantenido en compás de espera durante meses, era un secreto a voces en el sector. Ahora, con el nuevo propietario al frente, la compañía trata de poner rumbo a la construcción de buques de alta tecnología. Un mercado que en los últimos años se está transformando y donde en la ría de Vigo hay posibilidades por la trayectoria y la mano de obra cualificada. El nuevo dueño, que prefiere no desvelar su identidad, es un ingeniero naval de la ciudad, formado en la Escuela Técnica de Ingenieros Navales de la Escuela de Vigo y con una amplia experiencia en el sector. De hecho, ya fue uno de los ejecutivos de la empresa quebrada en la anterior etapa, con lo que conoce las instalaciones y a la plantilla. Un perfil que encaja con la estrategia que planea la Xunta de crear una empresa de economía mixta para la construcción de buques de la flota estatal y, en concreto, los barcos de hidrógeno, uno de los nichos que la Xunta quiere potenciar dentro de la Alianza Gallega de Hidrógeno.
Un plan para la próxima década
El estadio actual de la operación es la elaboración de un plan estratégico y de reflotamiento de la compañía en el que ya trabajan los nuevos dueños y que se sustentará en tres patas: la diversificación de producto, la internacionalización y la fábrica digital. Un plan que deberá pasar por el visto bueno del comité de empresa y que servirá de hoja de ruta hasta el año 2030. El nuevo proyecto pasa por convertir el astillero en un referente en la construcción de embarcaciones de baja emisión y de alta tecnología, con un foco especial en los barcos de hidrógeno, que serán los que se construyan en las instalaciones de Vigo. Un plan que creará 300 puestos de trabajo directos y que necesitará de nuevas inversiones que podrían alcanzar los 80 millones de euros. Mientras tanto, la compañía mantiene la actividad en las dos gradas de construcción y ya ha solicitado un préstamo puente por valor de 5 millones de euros al Instituto de Crédito Oficial (ICO) para cubrir los gastos operativos. Una operación que se anunció a los trabajadores en asambleas, con un mensaje de tranquilidad para la plantilla.
Próximos pasos y compromisos con la plantilla
Fuentes del sector aseguran que el nuevo propietario se ha comprometido con los trabajadores a mantener el cien por cien del empleo y los convenios actuales. Un compromiso que se formalizará por escrito en el plan de viabilidad que la dirección tiene previsto presentar a los sindicatos la semana que viene. La Comilía de Trabajadores, que valora positivamente la operación, ha pedido una reunión con la nueva propiedad para conocer los detalles del proyecto industrial. La Xunta, por su parte, a través de la consellería de Economía, Industria e Innovación, ha mostrado su satisfacción por el cierre de una operación que, según indica, da estabilidad y futuro a las instalaciones del astillero. “Es un refuerzo al tejido industrial naval de la ría de Vigo y un colchón para la construcción de los futuros planes de eólica marina”, ha expresado un portavoz.
El futuro de los motores, clave para la transición
La transición ecológica marca el futuro de los puertos europeos. Y a este respecto, el sector de los motores marinos tiene un papel fundamental que jugar. Motorscope, la unidad de análisis de motores marinos, ha presentado un informe en el que prevé que el futuro de los motores que se instalarán en los buques estará marcado por el metanol, el amoníaco, el hidrógeno y la propulsión híbrida, aspectos clave para el futuro del transporte marítimo. La apuesta de Astilleros de Cádiz, los planes de Navantia o el desarrollo de proyectos singulares como el Salto de la Trumf, no hacen sino avalar el potencial de este nicho de mercado. El astillero gallego tiene la oportunidad de subirse a la ola de un sector que vive momentos de expectación, con una cartera de pedidos de la industria europea de bajas emisiones que se ha duplicado en un año y que no para de crecer. Las cifras están detrás de un sector que en Europa ya emplea a más de 500.000 personas, con una facturación que se acerca a los 1.7 billones de euros.
El papel de las energías renovables en la industria auxiliar gallega
La eólica marina y las renovables en general se han convertido en el nuevo maná de la industria auxiliar gallega. La construcción y la ingeniería se han subido al carro de la tecnología verde como principal motor de despegue de sus cuentas de resultados. Ejemplo de ello son los resultados presentados por las empresas ligadas al Clúster de Energías Renovables de Galicia (Clergal), que cerraron el ejercicio 2025 con una facturación conjunta de 1.215 millones de euros, lo que supone un 13% más que el año anterior. Una tendencia que se consolida y que se refleja en la generación de empleo, con más de 8.900 trabajadores en plantilla, un 8% más interanual. La entrada en el nuevo escenario que abre la regulación europea para la reindustrialización del continente convierte al sector eólico marino en un nicho de oportunidad que Galicia no puede desaprovechar. Así lo han manifestado los empresarios del sector y el propio presidente de la Xunta, que ha llegado a calificar a la comunidad como “líder en el desarrollo de la eólica marina”, a la espera de que se aclare el marco regulatorio estatal.
Nuevo futuro, mismo nombre
La operación da carpetazo a una de las mayores crisis de la industria naval gallega, que tras más de una década de caída de la facturación y de actividad expropiatoria, volverá así a manos de sus propietarios y volverá a operar con un ciclo de carga de trabajo superior al que marcaba los últimos ejercicios. Un goteo de proyectos que pone de manifiesto que la industria transformadora de la madera y el acero confían en el sector como uno de los nichos más rentables para la creación de valor y empleo. La Asociación de Ingenieros Navales y Oceanográficos de España (AINE) prevé que la nueva flota de instalaciones eólicas marinas genere en el conjunto del país uno de cada diez puestos de trabajo del sector naval en los próximos cinco años. Un desarrollo que pasa por la puesta en marcha de proyectos de I+D+i y por la colaboración público-privada para fomentar la formación de sus trabajadores y atraer el talento joven.
Una apuesta por la tecnología y la innovación
El plan industrial, que se alarga cinco años, incluye la puesta en marcha de una fábrica digital y el impulso del producto local. En total, la empresa invertirá más de 30 millones de euros en digitalización,. EL mercado empuja y la tecnología avanza a la velocidad de la luz, especialmente en el ámbito de la digitalización. Como la que desarrolla la empresa portuguesa de software tecnológico TBD, una de las firmas que se ha subido al carro de la construcción de gemelos digitales. Un instrumento que resulta clave en el sector industrial, al poder recrear el funcionamiento de una fábrica o el impacto de una instalación eólica en el mar antes de construirla. La firma está desarrollando un proyecto piloto para uno de los grandes astilleros de la ría de Vigo, y ya trabaja en la realidad ampliada para el mantenimiento de los barcos, una tecnología que ya es una realidad y que revolucionará el sector de puertas adentro y en los astilleros. Una vez superada la fase de I+D, TBD navega ahora en aguas comerciales con 20 empleados y una facturación de 2 millones de euros, y confía en crecer con la entrada de socios industriales, como parte del programa de emprendimiento empresarial de la Universidad local. Una innovación que se ha convertido en seña de identidad de la nueva industria del mar en el sur de Galicia.



