Cuerpo admite que el SMI podría volver a subir y abre el debate sobre su impacto en Galicia
El ministro de Economía, Comercio y Empresa, Carlos Cuerpo, ha admitido este fin de semana que una nueva subida del salario mínimo interprofesional (SMI) es posible. La afirmación, recogida por Atlántico, abre un nuevo frente de debate en un momento en el que el coste laboral vuelve a estar en el centro de la estrategia del Gobierno central, con efectos directos sobre sectores clave de la economía gallega.

Una declaración que no cierra puertas
En unas declaraciones publicadas por Atlántico, el titular de Economía no descartó que el SMI, actualmente fijado en 1.184 euros mensuales en 14 pagas, pueda experimentar un nuevo aumento. Aunque no ofreció cifras ni plazos concretos, su disposición a "considerar" el incremento llega en un contexto de negociación con los agentes sociales y de presión por parte de los sindicatos, que reclaman situar el indicador en el 60% del salario medio.
Cuerpo enmarcó esta posibilidad dentro de la senda de "diálogo social" que el Ejecutivo dice querer mantener. La mención, sin embargo, no incluye detalles sobre la cuantía exacta ni sobre la fórmula de actualización, lo que deja el anuncio en el terreno de la intención política más que en el de una propuesta formal sobre la mesa.
El impacto en la estructura productiva gallega
La eventual subida del SMI tiene una lectura particular en Galicia. El tejido empresarial de la comunidad, muy vertebrado en torno a pymes y micropymes, es especialmente sensible a los incrementos de los costes salariales. Sectores como el comercio, la hostelería o las conserveras —donde los convenios suelen negociarse por debajo de los niveles de otras comunidades— son los que primero notarían el efecto de una nueva revisión al alza.
No es un tema menor para el empresariado gallego. Desde la patronal gallega se ha señalado en reiteradas ocasiones que cada subida del SMI genera tensión en las escalas salariales internas de las empresas, al comprimir las diferencias entre categorías profesionales. Además, en un mercado laboral donde el peso del sector servicios es creciente —especialmente en las áreas de A Coruña y Vigo—, el impacto se concentraría en las rentas más bajas, pero también en la capacidad de las empresas para mantener márgenes.
La posición de la Xunta y el pulso político
La comparecencia de Cuerpo se produce en un momento de especial fricción entre el Gobierno central y el gallego por la política económica. La Xunta ha reclamado en varias ocasiones una mayor moderación salarial y ha criticado lo que considera una "escalada intervencionista" en el mercado laboral. La posible nueva subida del SMI podría tensar aún más la relación institucional, especialmente si se tramita sin el consenso de los agentes sociales.
Además, la declaración del ministro llega después de que el Gobierno central haya impulsado la reducción de la jornada laboral, una medida que las patronales gallegas no ven con buenos ojos. La conjunción de ambos factores —jornada más corta y salario mínimo más alto— dispara la preocupación en algunas cámaras y asociaciones empresariales de la comunidad, que temen una pérdida de competitividad frente a otros territorios del Estado o del sur de Europa.
Qué puede esperarse y qué no dice la fuente
La información publicada no precisa si la hipotética subida vendría acompañada de mecanismos de compensación para las empresas, como bonificaciones a la Seguridad Social, ni si existe un calendario definido para la negociación. El Ejecutivo central ha utilizado este tipo de instrumentos en anteriores revisiones del SMI para mitigar el impacto en los sectores más intensivos en mano de obra.
Por tanto, más allá del titular, la noticia relevante es que el Gobierno no da por cerrada la revisión del salario mínimo. Para Galicia, con una economía volcada en la industria y en servicios de bajo valor añadido, cualquier movimiento en esta partida será observado con lupa tanto por las patronales como por los sindicatos, que exigen además una vinculación automática del indicador al IPC. La pelota está ahora en el tejado de la negociación tripartita, que deberá dilucidar si la nueva subida llega en este ejercicio o se aparca para una fase posterior.



